| Octubre 07 - Contactando con sus gentes |
| Escrito por Fernando |
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En Octubre del 2007, junto a Cristina (en el centro de la foto) estuve (soy Fer, el de la camisa amarilla) en el valle del Tessaout. Voy a escribir esta parte en primera persona ya que quiero contar mi experiencia personal, y si no lo hago asà me cuesta más y resulta artificial. Llegamos a Ifoulou Cristina, Carlos y yo, en un coche con Aissa (nuestro guÃa y desde entonces también amigo, y al que se le ve un poco a la derecha del todo, con su constante jersey negro, hablando conmigo y con Mohammed –nuestro primer posadero y ya amigo, que está mirando a la cámara-) y desde el primer momento la acogida fue increÃblemente afectuosa.
En la foto aparecemos con algunos de los habitantes de Ifoulou. También aparece el otro Mohammed, a la izquierda de Cris, y en cuya casa nos quedamos la segunda noche. He recalcado a estas dos personas porque cualquier de los dos os podrÃan dejar un sitio para pasar la noche en una compañÃa magnÃfica. ![]() Al rato aparecieron algunos miembros de la asociación, habÃamos preguntado por ellos y nos fuimos para reunirnos y hablar de cómo podrÃamos ayudarles, pero antes de que llegaran estuvimos jugando un buen rato con los niños, les habÃamos llevado caramelos y globos y se lo pasaron genial –lo de los globos me lo recomendó mi amiga MarivÃ, y resultó perfecto-, la aldea se quedó con algunos plásticos de globos rotos por el suelo, pero la cara de los niños y los momentos de complicidad que tuvimos, creo, hacen que esta suciedad tampoco suponga un gran problema (además que la aldea ya está muy sucia de por sÃ, esta será también una tarea de educación que tenemos que empezar, el respeto y el cuidado de su medio ambiente. La reunión que tuvimos fue muy interesante y cuando terminamos nos acompañaron todos a casa de Mohammed Primero (el de la derecha de la foto de arriba), allà dejamos nuestras cosas en un apartamento y salimos a la calle a jugar con los niños. Un par de mujeres vinieron a la casa a empezar a preparar la cena, pero no se pararon a hablar con nosotros –luego Cris estuvo con alguna mujer, pero sin traductor-. Al rato llegó la noche y todos se fueron a sus casas, entramos y nos tumbamos un rato en la bonita habitación que nos habÃan dejado.
Al dÃa siguiente fuimos a visitar una aldea próxima, Assassins, donde estuvimos reunidos con miembros de una asociación, nos enseñaron su proyecto, pero estaba en árabe y no lo entendimos, por Aissa supimos que tenÃan básicamente los mismos problemas y necesidades. Luego visitamos el pueblo de Ibsin ___, pero los que nos acompañaban nos dijeron que ellos eran ricos, porque tenÃan colegio, agua y muchas casas tenÃan placas solares (al ser más grande y bonito, seguro que recibe más ayuda de fuera). La visita fue preciosa y vimos como esta gente vive –incluso los ricos– de una forma muy dura y antigua, por un lado es bonito observar esas costumbres, pero por otro, da pena que no tengan las mÃnimas condiciones para que pudieran desarrollarse un poco, como ha ocurrido en la España rural… Algunas fotos de ese dÃa. Esa tarde estuvimos de nuevo jugando con los niños, dimos un paseo por el rio y estuvimos haciendo el ganso un rato, cantamos y gritamos y nos reÃmos muchÃsimo. Por la noche durante la cena vinieron a vernos, y hablamos un rato sobre la vida allÃ, la construcción del centro comunal, la organización de viajes de trekking por la zona, y de cómo atender a los turistas que quisieran quedarse a dormir en ifoulou. Ya habÃamos sentido en primera persona a las gentes de ese valle, y Aissa también tenÃa que irse, le habÃamos contratado por tres dÃas y al dÃa siguiente era el tercero y se tenÃa que ir. Pensamos en irnos por la mañana, pero nos hablaron del mercado comarcal que los lunes se hacÃan al lado de Ifoulou, y decidimos quedarnos a verlo. Y después ya nos irÃamos del valle. Y asà hicimos. Llegó el lunes y fuimos al mercado, de nuevo nos trataron con muchÃsimo cariño, todos los niños nos acompañaron y las niñas nos fueron a despedir con la cara lavada y la ropa limpia. Vimos placas solares y preguntamos, pero nuestros amigos nos dijeron que ellos podÃan conseguir mejores precios comprándolo directamente al fabricante y quedamos en eso. Nos hicimos las últimas fotos y nos dimos los últimos abrazos, quedamos en volver a vernos. Les fuimos a pagar por su generosidad y por acogernos, pero no nos dejaron; insistimos mucho y les dijimos que no era un pago, sino una ayuda, y asà nos lo aceptaron. Esta gente fue entrañable hasta el último instante y nos aumentaron las ganas que ya tenÃamos de ayudarles. Â
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