Durante el reciente campo de trabajo realizado en Ifoulou (Sept'08), uno de los objetivos era realizar una serie de actividades allí que nos permitieran estar más en contacto con los habitantes de la aldea, conocer más su cultura y forma de hacer las cosas y, si llega el caso, probar actividades que sirvieran de promoción turística del valle en un futuro.
La más interesante, y nueva, fue sin duda hacer Pan Tamazight en horno familiar de leña. Le pedimos a dos de los asistentes -Katia y Diego- que escribieran su experiencia, y este es su relato.
¡¡QUE EXPERIENCIA!! El taller del Pan
Allá íbamos, a que nos enseñasen a hacer pan. Llegamos a una de las casas más humildes del pueblo en la que nos esperaban una mujer (no nos acordamos del nombre) y sus dos hijas pequeñas Fatma y Susan.
Entramos en su casa, y nos enseña una habitación pequeña y poco iluminada; solo tiene una ventana pequeñita y una alfombra en el suelo. Como queremos grabar el evento, la indicamos que hay poca luz, con lo que nos pasa a la habitación de al lado, con más luz. Esta tiene una ventana más grande, la cuál abre para que entre más luz, otra alfombra en el suelo y unas cajas en un lado tapadas por unas colchas, nos indican que es su dormitorio.
Nos sentamos en el suelo y esperamos acontecimientos. Empieza ella mezclando unos polvos blancos (aquí mi desconocimiento total) con otro de menos cantidad y agua. Pregunto y los primeros polvos son dos tipos de harinas que ellos usan, ya mezclados y el otro levadura.
Bueno ya esta en faena, esta haciendo la masa, parece bastante fácil, es solo darle unos meneitos con las manos (eso pensamos todos). Se trata de mover la mezcla hasta que coja consistencia. Cuando ella tiene la masa bien hecha, nos indica que si queremos probar. Uno tras otro intentamos hacer lo mismo, y es cuando comprobamos que de fácil nada, se nos empieza a pegar tanto en las manos como en el cuenco de madera y aquello deja de tener la misma consistencia, ¡Qué desastre!. Nada ninguno de los que lo intentamos lo conseguimos, ella siempre tiene que arreglar el destrozo que hacemos con la masa. Y como no, ella con dos movimientos de muñeca ya tiene la masa otra vez en perfecto estado.
Video amasando el pan
Una vez echa la masa, hay que esperar unos diez minutos a que la masa suba un poco. Luego empieza a hacer una especie de bolas con la masa, de cada una de ella sacará una torta de pan. Cuando tiene toda la masa dividida, empieza a hacer las tortas de pan, aplasta una bola y la va dando forma. Cada una de las tortas las envuelve en tela, y una vez echas todas, hay que volver a esperar otros diez minutos a que vuelva a subir otro poco la masa.
Video haciendo las tortas
Ya estamos listo para el horno, este es pequeñito, es de barro y esta a la entrada de la casa. En un lado del horno a estado echando leña y esta esperando a que el horno coja temperatura. Mete dentro del horno una bandeja de metal en un lado, y al otro lado esta la leña. Sobre esta bandeja coloca un pan y con la ayuda de un palito largo lo empieza dar vueltas por el soporte, para que el fuego vaya haciendo el pan por todos los lados. Y vemos como el pan empieza ha inflarse, en algunos momentos tiene que pincharlo con el palo. Todo esto vuelve a parecer fácil.
Volvemos a intentarlo nosotros, primero el introducir el pan, complicado el agujero de entrada es pequeño, hay humo que nos ciega (alguno se quema un poco al tocar la plancha metálica), vamos que ella lo hace como si nada y nosotros de aquella manera.
Video en el horno
Pero al final después de todas las peripecias, tenemos nuestro pan echo y además esta BUENISIIIIIIMOOOOO.
Una experiencia que hay que tener si se tiene la oportunidad.
Hemos sido testigos, durante las semanas que duró el pasado Campo de Trabajo que hemos hecho en la zona -finales de agosto a mediados de septiembre 2008), de la construcción tradicional de un muro hecho con adobe (en este tipo de adobe, usan piedras en lugar de materia vegetal, junto con el barro y agua), a cargo de una de las familias de la aldea -trabajaban todos, hombres y mujeres, niños y abuelos, toda la familia trabajando juntos.
El material que usan es una arcilla muy compacta amarilla pálida, roja oscura o marrón claro, que hay en la zona. Esta arcilla la mantienen mojada durante días -cada maestro sabe el punto adecuado de humedad-, y se deja con las piedras que hay en el terreno, para endurecer el resultado.
Usan la arcilla que hay alrededor de sus casas, por dos razones, para ahorrar el transporte –que hacen en canastos a la espalda, o con burros- y para preparar las terrazas alrededor de la casa que luego utilizarán para entrar, de establo, para acumular leña, etc., ya que la zona es muy escarpada.
El muro se empieza a construir haciendo la zapata, para ello hacen una zanja en el perímetro de la casa –aunque se puede hacer, inicialmente, en los dos lados perpendiculares a la pendiente, que por ser rectos serán los utilizados para poner las vigas que soportan el techo-. Esta zanja tiene el ancho previsto para el muro de piedras que hace las veces de zapata y una profundidad de entre 40 y 60 centímetros.
En la zanja se construye la zapata formando un muro con piedras, que se unen con un mortero de barro y agua. Las piedras se van rompiendo y buscando las caras planas para hacer las paredes. Esta zapata puede tener distintas alturas, en la misma casa –haciendo más altas las esquinas, por ejemplo-.
Construyendo la Zapata
Una vez construida la zapata, y tras dejarla secar adecuadamente –cubierta por algo de plástico en su parte superior- se comienza la construcción de los muros de adobe sobre la misma.
Llevando adobe
Para ello se realiza un encofrado de los bloques de adobe, que en la zona son de un metro de ancho, 70cms de alto y 50cms de fondo. El muro se va rellenando del adobe y prensado por una sección de un tronco de árbol que tiene un mango recto para sacar todo el aire y compactarlo al máximo -aunque siempre quedan algunos huecos de aire que embellecen el resultado una vez seco-. Este proceso es tedioso y cansado, por lo que los trabajadores se van turnando para completar la tarea
Prensando el adobe
Se levanta el muro haciendo una hilera entera de bloques, y dejándola secar con el encofrado puesto durante unos días, luego se quita el encofrado y se deja secar unos días más. Ya está listo para construir otra hilera encima, y así se repite hasta alcanzar la altura de cada pared –al estar en desnivel, cada pared lleva distinto número de hileras.
Muro listo, secándose
En posteriores artículos, contaremos como se hace un tejado, las ventanas y puertas, y demás elementos que forman la casa.
Durante el reciente campo de trabajo realizado en Ifoulou (Sept'08), necesitábamos un embudo para cebar una bomba de agua que llevamos, y mi amigo Omar –hijo de Mohammed Janaouy (el dueño del albergue)-, me llevó a varios puestos y tiendas donde vendían cosas de plástico... pero no encontramos ningún embudo. Entonces se acordó del latero, me dijo “Aaah! Ashqid! (Ven!)”, y me llevó a la última tienda a un lado del mercado, y empezó a hablar con el anciano que había en ella. Y tras entender que el embudo tenía que ser tan delgado como un boli, empezó a trabajar.
Cortando la lata
El hombre tenía un soldador de gas, de los de fontanería de toda la vida, con una fuga peligrosa cerca del extremo, pero con pericia, y muchos años de profesión encima, se arregló con algo de barro que había del suelo de la tienda.
Enciende el soldador
El embudo lo fue haciendo, primero, soldando pequeñas piedras de estaño calentadas por un hierro casi al rojo que pone en el agujero del soldador. El tubo del embudo, como se ve en el video, no fue fácil de soldar, pero si apasionante ver como el hombre trabajaba.
Haciendo el tubo
El soplete, servía, apuntando dentro de un agujero cavado en el suelo, como fuente de calor para el hierro que hacía las veces de soldador.
Calentando el soldador
Con el uso de estaño, algo de paciencia, y mucho tino, la pieza de lata cortada se iba soldando, para formar el tubo de nuestro embudo. Ver a este artesano soldar fue todo un espectáculo.
Soldando el Tubo
En segundo lugar, una vez listo el tubo, soldó la parte cónica del embudo, que fue bastante más fácil, y acabo uniendo ambas partes.
Soldando y ensamblando
Fue una hora de emocionante contacto y de algo de charla -a través de Omar y del Tamazight-Español-Francés que el y yo hablamos-. Y en medio de ella, no puedo dejar de mencionar el momento Té, es decir, cuando en medio de todo el proceso, llegó un joven, preparó una tetera y la puso a calentar, obviamente, en el fuego del hueco del soplete, que sin duda tenía preparado también para este fin.
Retoques y haciendo Té
Por supuesto le di el doble del dinero que me pidió, por su oficio, alegría y permiso para grabarle y ponerlo en internet.
El mercado o zoco de Ifoulou –Ifoulou Zuk-, es algo más que un simple zoco árabe. En parte es volver casi al trueque, aunque sea con monedas, ya que la mayoría de las familias de la zona hacen tanto de vendedores –en algún momento del año-, como de compradores -bastante más a menudo-. Si no fuera por la llegada de vendedores y compradores de fuera –que traen sus mercancías o vienen a comprar los productos locales-, sería un sistema cerrado de trueque, un sistema autoabastecido, como sin duda tuvo que ser en un pasado no muy lejano (hasta hace muy pocos años, a esta zona aislada del Alto Atlas no se podía llegar más que por caminos de tierra, que constantemente eran rotos por lluvias, aludes de nieve o barro, etc., me contaron que se tardaba antes más de 10 horas en hacer los 70kms que separan el valle del Tessaout de Demnate (capital de la provincia y primera ciudad fuera del Atlas importante).
La primera vez que pasamos por el valle –marzo’07-, al atravesar el zoco no supimos bien si era una aldea muy pobre, aunque no había apenas nadie. Luego en el viaje de Octubre nos dijeron que no, que se trataba de un zoco, y que cada lunes abría. En ese viaje coincidió que estuvimos en lunes, y fuimos a conocerlo, desde entonces ya no hemos dejado de ir en ningún viaje, ya que la experiencia es brutal.
El ritual de ir al mercado comienza ya en Ifoulou, los niños –que aprenden muy rápido- nos esperan en la puerta del albergue desde pronto por la mañana, y después de desayunar, vamos todos juntos al mercado, a repetir el ritual de saludos, ver cosas y comprar algo. Entramos al mercado por la calle inferior (del plano), y vamos entrando hasta hacer la primera parada, en la tienda de nuestro amigo, y colaborador en el proyecto Tessaout, Abdulá.
Llegada al Zoco, tienda de Abdulá
Su tienda tiene de todo –hace poco nos ha salvado con el Super-glue, ya que por poco nos quedamos sin el generador de gasolina que nos servía para, entre otras cosas, poner el cine a los niños-, y pasar un rato mirándola es una de mis diversiones favoritas en Ifoulou.
Tras un rato con Abdulá, disfrutando de todo, incluso de los silencios que cuando no hay traductor ocurre, seguimos hasta la plaza central del mercado, alrededor de la cual ocurre casi todo. Al entrar saludamos al padre de Nora –carnicero- y atónitos miramos como eso puede ser una carnicería y como esa carne –comida por moscas y avispas- se puede vender y comer.
Carnicerías
Luego un par de paradas obligadas más, y varios saludos más nos dejan ya tiempo libre para mirar, buscar novedades –un vendedor de renting de un sistema solar, un dentista, etc.-.
El zoco en sí mismo, como zoco, funciona como cualquier otro, es decir, hay que regatear. Aunque al estar tan alejado aún del turismo los precios están bastante fijados. Obviamente nosotros somos “guiris” y nos cobran de más, por lo que si regateamos un poco conseguimos unos precios increíbles para nosotros y ellos aún hacen una venta muy buena.
Abre como hemos dicho los lunes, desde muy pronto por la mañana hasta la hora de comer –más o menos-.
En el zoco, cuando alguien quiere vender algo, lo puede hacer de dos formas distintas, puede ir y poner un puesto ambulante –pagando 10DH (unos 0,10€)- o a través de un intermediario que tenga ya tienda en el zoco. Hay, por ejemplo, una tienda que vende alfombras que hacen varias mujeres de Ifoulou; también venden sus nueces –en temporada a un precio y fuera de ella a otro mayor-; o verduras y granos –aunque la mayoría de su producción es para uso propio-; o miel –que cada vez hay más en el Atlas, y que siga aumentando, ya que las colmenas ayudan mucho a mantener la masa forestal-.
Puesto de miel
Aparte de la compra venta de productos, también se realizan otras muchas actividades paralelas, como los restaurantes de Tallines, que sirven para que los compradores repongan fuerzas antes de volver a sus aldeas a pie o burro.
Restaurante de Tagines
También encontramos a veces a un dentista, que trabaja en la calle, a plena luz y sin apenas condiciones higiénicas.
Dentista ambulante
Hay un Parking, con alquiler, de burros, para llevar la carga de vuelta a la aldea de donde seamos.
Burros, parking y usos
O un zapatero ambulante, que ya he visto varias veces, y que trabaja con pocos recursos, pero con mucho oficio y habilidad.
Zapatero
También hay un par de panaderías, que con hornos más elaborados que los domésticos, hacen pan para los restaurantes, comerciantes y compradores.
Panadero
O un latero. En uno de los últimos viajes, necesitábamos un embudo, y mi amigo Omar –hijo de Mohammed Janaouy (el dueño del albergue)-, me llevó a varios puestos y tiendas donde vendían cosas de plástico, pero no encontramos ningún embudo que nos sirviera. Entonces se acordó del latero, me dijo “Aaah! Ashkid! (Ven!)”, y me llevó a la última tienda a un lado del mercado, y empezó a hablar con el anciano que había en ella, que tras entender que el embudo tenía que ser tan delgado como un boli, empezó a trabajar.
Pero esto será el argumento de un futuro artículo...
En Marruecos, se puede encontrar el arbol Gemevrier Thurifere -Juniperus Hispánico ó Juniperus Thurifera L.-, o Sabina Albar en dos zonas, el Medio y Alto Atlas.
Se empieza a ver a partir de los 1.700mts de altitud, y se encuentran ejemplares aislados hasta los 3.000mts -lo que supone el techo de la cobertura de bosques-. Este arbol puede alcanzar unas proporciones considerables.
Esta robusta especie es capaz de soportar condiones climáticas extremas: y en el Atlas los inviernos son muy frios y los veranos muy calurosos y secos. Su fortaleza también lo demuestra su resistencia a las enfermedades.
Cualesquiera que sean las características físicas y químicas del suelo, la especie crece en tierras escasamente arboladas (cubierta media del 25 por ciento, es decir 40 a 50 árboles/ha), donde se encuentran ejemplares bastante viejos (probablemente con varios centenares de años) con abundantes señales de hacha y diámetros de hasta cinco metros. Estas formaciones muestran considerable diversidad estructural y floral, y en ellas casi siempre sabina albar es la única especie de tipo arbóreo.
Pero la explotación intensiva, de la cual depende la supervivencia de la mayoría de habitantes de la zona, lo han puesto en peligro en las proximidades de las zonas donde hay gentes. No existe ninguna regulación en su explotación dejando este tema en manos del sentido común, ya que como nos dijeron: "El monte es de todos".
Las pruebas del uso de este arbol a lo largo del tiempo en las montañas del Atlas son abundantes. En 1938 Emberger, en varias de las obras que consagró a la vegetación marroquí, destacó el valor social de este árbol de montaña cuya madera sirve para calefacción y cocina, y cuyo follaje es alimento de ganado. En 1958, Metro comentó que durante las nevadas los pastores solían desmochar los rodales de sabina albar para dar las ramas a su ganado, dejando en pie los árboles mutilados, cuya silueta se considera característica del Atlas marroquí.
Los árboles de sabina siguen siendo podados para forraje hasta hoy, y no es raro encontrar ramas abandonadas en el camino después del paso de los rebaños. También la madera, muy dura, tiene usos múltiples en la construcción (dinteles de ventanas y puertas, aleros, etc.).
Otro uso tradicional es un tipo de alquitrán que se obtiene por destilación seca de grandes cantidades de madera; en medicina veterinaria sirve como cicatrizante y antiséptico, y no es raro encontrar todavía hornos de destilación en los sabinales de la Zaouia Ahansal.
El método de tala que usan es el de observar y respetar el ritmo de crecimiento de diez años que tiene el arbol, aunque no en todos los casos se tiene en cuenta esta práctica según las observaciones que hemos realizado -principalmente como se ha dicho, en las proximidades a las aldeas-.
Ejemplar de Sabina Albar en Ifoulou, dentro del cementerio, por eso su "buena conservación" estando en medio de una aldea.
Estan construidos con maderas y cuerdas, y todo el proceso de confección se realiza a mano con ayuda de unos bellos instrumentos.
La lana esquilada a las ovejas y cabras es cardada con unos rudimentarios cepillos.
Se hacen ovillos a mano con ayuda de un palo, y luego se tiñen los ovillos de forma casera para conseguir los vistosos colores que se observan.
La prenda se va realizando lentamente en el Telar, haciendo nudos uno tras otro con las manos, y cortando el nudo del ovillo con una cuchilla que se sujeta con unos dedos.
Cada varios nudos se pasa un peine grande y pesado que prensa los nudos entre si. Combiando distintos colores se consiguen bonitos dibujos que varían desde los más simples a los más elaborados.
Varias mujeres pueden trabajan juntas para ir más rápido
Parece algo imposible de realizar, pero viendo la velocidad a las mujeres y niñas trabajan, podemos entender como pueden hacerlas. Aunque una gran alfombra se tarde varios meses en realizar, dedicando varias horas cada día. Las mujeres suelen aprovechar y trabajan en invierno, cuando pasan muchas horas en sus casas.
Mujer cardando la lana con cepillos tradicionales
Video con mujer haciendo un ovillo y un grupo de ellas haciendo nudos a la vez
En este video se ve como se hacen nudos de forma muy rápida
Resulta una experiencia única disfrutar de una fiesta bereber. Su alegría y vitalidad se encuentran todo el tiempo presentas. Los sonidos son repetitivos hasta el final, los cantos resultan embriagadores, haciendo perder la noción de uno mismo.
En Ifoulou, hemos asistido a varias, y hemos grabado muchos fragmentos. Es imposible plasmar esos momentos, pero la música y los cantos, así como algo del ambiente, puede que se descubran en parte en este video...
La noche como compañera, la luz tenue de un par de antorchas de gas y mucha gente joven cantando y tocando.
Este trekking propuesto es uno de los más bonitos que se pueden hacer por la zona si se dispone de 1 jornada.
Comienza en Ifoulou, y durante algo menos de 30 kms, transcurre el camino por varias aldeas (una de ellas de nómadas), haciendo un desnivel acumulado de unos 800 mts. Se puede hacer en 8 ó 9 horas, pero hay que preveer varias horas más para disfrutar de los pueblos, gentes y paisajes que nos encontraremos.
El trekking por Tissili al monte Aguendrá, permite realizar en una jornada distintas actividades y niveles de esfuerzo.
Comienza en Ifoulou, y permite realizar desde un plácido paseo a Tissili (unos 6 kms ida y vuelta por llano), seguir y visitar una aldea bereber nómada (añadiendo unos 4 kms más por un camino en cuesta, seguir y subir al monte Aguendrá (más de 3.000 mts y otros 4 ó 5 kms más a añadir a la ruta) y con la posibilidad de volver por Imi'n'Tizgui (otros 4kms más) lo que sería una larga jornada de montaña y aldeas bereberes.
Precioso Trekking, con llegada a Magdaz, una de las aldeas más bellas del Atlas marroquí. Trekking de media Jornada (que se puede hacer entera si paramos en alguna casa a tomar un Té, o situaciones similares. Este artículo está escrito por Josete, compañero del grupo deportivo Geoda (http://www.geoda.net/), y que ha visitado varias veces el valle para ayudar en los proyectos.
"Después de llevar varios días en Ifoulou decidimos patear y hacernos una ruta por los alrededores, y mirando los mapas escogimos de las muchas posibilidades que había, la que iba desde Ifoulou a Magdaz . A si después de desayunar bien y preparar algo de comida y bebida para el camino empezamos la excursión, teniendo como publico de despedida a nuestros queridos niños.